lunes, 10 de noviembre de 2014

CRISIS DE CONFIANZA



Parecería estéril reflexionar acerca de la pertinencia de la democracia en nuestro país, pues de inicio es absurdo que la ciudadanía ceda sus preferencias políticas por alguna alternativa que le disminuya su poder de decisión, sin embargo de forma contrastante y alarmante, al revisar resultados de la casa encuestadora Parametría, observamos que sólo el 52% de los mexicanos confía en que la democracia es mejor que otras formas de

gobierno.

Es decir en el 48% de los mexicanos existe, en menor o mayor medida, una crisis de confiabilidad en el sistema democrático en el que vivimos y, escribo sistema democrático, no únicamente desde una perspectiva meramente electoral ni gubernamental sino como un sistema de vida dónde la igualdad de oportunidades deben ser una constante para los mexicanos, es decir: la democracia sustantiva.

Ello me llevó a desempolvar los resultados la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas publicada por el INEGI en 2012 dónde una parte importante se sienta en la confiabilidad de las instituciones gubernamentales y sociales siendo que en la tabla que se inserta al tenor siguiente, se muestra de forma indudable que los niveles de confianza en las instituciones son muy bajos, lo cual, si bien no es un secreto, si es preocupante pero insisto, también me gustaría ir más allá de la crítica a las instituciones gubernamentales para detener nuestra mirada en que la crisis de confiabilidad no sólo castiga al sector gubernamental sino también a algunas otras organizaciones sociales pues de 28 instituciones públicas u organizaciones del sector privado únicamente 7 logran contar con una calificación aprobatoria.


Fuente: INEGI Encup 2012. http://encup.gob.mx/work/models/Encup/Resource/69/1/images/Presentacion-Quinta-ENCUP-2012.pdf

Que sólo el 25% de las instituciones sociales y gubernamentales tengan una calificación, ya ni siquiera satisfactoria sino aprobatoria, pone en tela de juicio nuestro sistema de vida en el país, por lo cual no es raro que se cuestionen los resultados del sistema democrático como opción política de organización que satisfaga de forma sustantiva los requerimientos de los ciudadanos dentro de la sociedad.


Sin embargo, antes de pretender ser inquisidor de un sistema democrático, lo que debe re-valorarse son los principios de la democracia y retomar los valores de que, la base de la justicia democrática consiste en la igualdad, ello es, que todos los ciudadanos deberían estar en circunstancias de equidad y así las clases populares se constituyen como titulares de un mayor poder que las clases socio económicas más poderosas,

puesto que son más en número, y en democracia es soberana la decisión de la mayoría.

Bajo esta premisa, la ciudadanía en su expresión democrática otorga o retira la confianza a las opciones que los partidos políticos ofrecen como propuesta electoral, este otorgamiento y retiro de confianza tiene como consecuencia la alternancia en el poder político.

En el año 2000, la alternancia en la presidencia de la República llevó al PRI a la oposición durante 12 años, ello nos obligó como partido político, a reconocer de forma generalizada que fuimos desplazados por el desgaste y fallas en la acción de gobierno.



No obstante en mi opinión vale le pena agregar que la ciudadanía retiró su confianza al PRI porque con la aparición del neoliberalismo se dejaron de abanderar con claridad nuestras causas, aquellas que nos dieron origen, aquellas que eran y son la aspiración de la lucha revolucionaria y que a pesar de algunos avances, las aspiraciones siguen vigentes en la mayor parte de los hogares mexicanos: ingreso insuficiente, carencia de condiciones laborales básicas que se traduce en explotación laboral, vivienda digna inalcanzable, violencia, impunidad, abuso de poder, discriminación, etc.

La desigualdad social y la pobreza se encuentran correlacionadas, por un lado al persistente estancamiento de la economía nacional, dónde los resultados de las políticas públicas en materia económica, con escaso o nulo contenido social, acarrea que los resultados en mejora de calidad de vida de las clases sociales más desprotegidas no sean satisfactorios.

Los gobiernos de derecha y ultraderecha ejercieron su mandato en protección del conservadurismo, en contradicción de la naturaleza social y revolucionaria del proyecto nacional de desarrollo contenido en nuestra Constitución de 1917. Por ello, a pesar de que la alternancia es una característica irrenunciable de la democracia no me extraña el fracaso social o limitados resultados de la alternancia.

Lo anterior explica la parálisis institucional que hemos vivido de pseudo-democracia, dónde se acentuó la captura de las instituciones por los poderes de facto, dónde las decisiones fueron puestas en manos de una oligarquía económica conservadora, que precisamente buscó conservar las condiciones de desigualdad existentes en la mezquindad de su confort económico.

La bandera de los candidatos presidenciales opositores al PRI fue el ideal de la democracia, la realidad fueron resultados deprimentes de cara al progreso de los más necesitados, la realidad fue una contradicción a los valores sociales de la constitución ¿por eso se impulsó hace algunos años la idea de una nueva constitución?, la realidad fueron las políticas anti sindicalistas y demérito del campo, que dejan un pueblo hundido en la pobreza y en la miseria, con capacidad para sufragar pero sedientos y hambrientos de justicia social.

Por todo lo anterior no me extraña que la mayor parte de los mexicanos no confíe en las autoridades ni en otras organizaciones e instituciones civiles. En lo precedente se tienen una o dos de las muchas respuestas de la crisis de representatividad que tiene la democracia.

La pluriculturalidad de nuestro país adherida a los graves desequilibrios sociales cuestionan la viabilidad de la democracia, como sistema que parte de la igualdad en los derechos y obligaciones de su ciudadanía; también cuestionan la viabilidad del sistema democrático, la corrupción que se genera al vincularse o entrelazarse los intereses del sector público con el privado, de allí que la crisis de confiabilidad no solo afecte al sector político sino también a organismos empresariales, civiles, medios de comunicación, sindicatos e incluso redes sociales.

Alta pluralidad política ha significado una profunda crisis social, una profunda crisis de confianza que mina el desarrollo equitativo de nuestro país.

Es necesario reconocer que abatir la desigualdad y erradicar la pobreza son dos de las más complejas tareas que puede enfrentar cualquier Estado y éstas son problemáticas que para resolverse requieren audacia y determinación, el carácter deliberativo de la democracia ha generado gobiernos poco eficaces.

En el PRI, partido político que no ha estado exento de errores y en el que milito gracias a que abandera los valores en los que creo, asumimos con gallardía, con responsabilidad el respaldo a las reformas como la reforma fiscal que busca otorgar una pensión universal porque que debemos equilibrar las crisis de desigualdad que, en lugar de disminuir, en algunas zonas geográficas se agudizó durante el proceso inicial de alternancia por el que transitamos como sociedad en aspiración a la democracia.

En lo personal, como ciudadano, como padre de familia, como hijo, como militante de mi partido sólo veo una democracia efectiva en aquella que se ejerce íntegramente por la sociedad en la que la justicia social, la solidaridad y la libertad son una realidad.



Pero para lograr lo anterior, la democracia debe evolucionar de ser puramente electoral a constituirse en centro vivo del quehacer político y alentarse la democracia participativa responsable tolerante, pacífica cercana de la libertad ideológica pero lejana de la anarquía que trastoca los intereses de toda la colectividad.

Han cambiado los tiempos y ya no es suficiente constreñir la democracia al voto nuestro deber político como mexicanos es la construcción de una ciudadanía integral: política, económica y social, como base del desarrollo de la sociedad en la democracia.

Que nadie pretenda de manera alguna denigrar el poder de los ciudadanos de elegir a quien habrá de representarnos; alejémonos de la anarquía, de la violencia del atropello, fortalezcamos la democracia, hay que asumirla de forma responsable promoviendo el ejercicio del voto informado; hay que transformarla de ser representativa a participativa y fundamentalmente lograr una democracia sustantiva.

Lo que debe cuestionarse no es el sistema democrático, sino la forma de gobernar para que convivan la libertad, democracia, tolerancia y justicia social con el cumplimiento de la ley con la eficacia para tomar decisiones.

Para aquellos que dudan de la democracia, les dejo la siguiente reflexión ¿la ciudadanía querrá ver disminuido su poder de decisión en la conducción de nuestro país? Yo creo que no, no creo que ni la anarquía ni la dictadura sean mejores alternativas.

La democracia no sólo otorga el valor social y de forma igualitaria la participación de cada uno de sus individuos, sino que resulta necesaria incluso para otorgar legitimidad a los gobernantes y las acciones gubernamentales para el respaldo de las causas de acuerdo a los valores y necesidades sociales. Resulta necesaria para que sea sólo la propia ciudadanía el único titular de la legitimación quien otorgue el mandato popular y sea así la materialización del objeto del régimen republicano.

El reto de nuestra Democracia no es denigrarla ni denostarla, sino construir un sistema de gobierno que obedezca solidariamente a las mayorías y a la justicia social con una base sólida de legitimidad pero al mismo tiempo fluido y eficaz.



México hoy es un país dónde la mayor parte de los mexicanos son pobres o tienen algún grado de vulnerabilidad. México también es un lugar en dónde más del 60% de los mexicanos cree que el futuro será peor que el presente, no permitamos que esa falta de confianza, que ese pensamiento se vuelva realidad, somos y seamos más mexicanos, muchos más patriotas que a diario trabajemos en el sector público, privado, político y social hombro con hombro solidarios para que la incertidumbre y el miedo se transformen en esperanza; y la esperanza se transforme en resultados palpables en una mejor calidad de vida de las familias mexicanas, en definitiva en justicia social.


No hay comentarios:

Publicar un comentario