lunes, 19 de diciembre de 2011

Políticas sociales para recomponer el tejido social

Nuestro país es un territorio multicultural y por ello los actores políticos deben considerar que  constituyen la voz una ciudadanía plural, de una universalidad de ideas y criterios en un Estado multicultural cuyas necesidades múltiples y diversas deben atenderse día a día.
Los políticos que han sido elegidos o serán elegidos representantes populares, en forma democrática y plural, deben realizar un trabajo estrecho con los ciudadanos, no sólo con un contacto electorero y una aparente sensibilidad política discursiva, sino que es necesaria la creación y aplicación de políticas públicas enfocadas directamente a mejorar el entorno familiar y social, que aterricen en la atención de las necesidades en primer lugar de la clase trabajadora, pues cada trabajador y trabajadora es cabeza y/o coadyuvante económico en una familia. Normalmente padre y/o madre no sólo se constituyen como el pilar económico de los hogares, sino en el primer elemento educativo de los hijos y el ejemplo a seguir de éstos.
Por ello es necesario partir de la clase trabajadora, quienes somos mayoría en este país, de quienes dependen económica y moralmente sus sucesores: niños, jóvenes adolescentes, estudiantes y quizá ancianos que en su vejez se encuentran bajo la responsabilidad y cuidados de los hijos.
Las estructura económica y social debe tener como punto de inicio el fortalecimiento de la clase trabajadora con políticas publicas dirigidas a ella, que traduzca en mejores empleos, capacitación para asumirlos, y en general una perspectiva de desarrollo integral del individuo en su entorno, ello resulta esencial para reconstruir el tejido social.
La necesidad financiera de la población económicamente activa: padres y madres de familia, la falta de prestaciones laborales y beneficios de carácter social, la perdida del poder adquisitivo por la elevación de los costos de vida, lleva a los padres a sacrificar tiempo permanencia con los hijos de convivencia y educación por acudir a trabajar, confiando así la mayor parte del tiempo y la educación de los hijos en guarderías o familiares que simplemente por el hecho de no ser los padres, modifica la estructura familiar tradicional que trastoca los valores de vida y escala de prioridades.
Lo anterior, me atrevo a afirmarlo aunque resulte crudo, porque es realista aceptar que el mensaje tácito que se les transmite a los hijos, es el de una prioridad en los valores económicos respecto de los valores familiares, el mensaje que reciben los hijos es simple, no obstante que el móvil real de los padres constituya precisamente mejorar su capacidad económica para atender cada una de las necesidades de la familia, es decir, los padres sacrificamos el tiempo que consideramos más valioso, es decir el tiempo con nuestros hijos, para garantizar que no les falte sustento, ni educación, ninguno de los requerimientos básicos de un bebe, un niño o un adolescente.
Por ello insisto, las políticas deben estar orientadas a la mejora de las condiciones de la clase trabajadora, pues ello tiene un impacto directo en los hijos. Hacer más guarderías lo único que logrará es tener a miles de familias de obreros y empleados dispersas y en el inicio de una desarticulación donde el personal de los parvularios, por mas empeño y vocación que tengan por el cuidado de los niños pequeños, no dejan de ser ajenos a ellos y por ello jamás podrá compararse con la educación moral y afectiva que pueden transmitir los padres. Ante esto, el mecanismo que se observa como viable es un esquema de subvenciones al trabajo donde si trabajan padre y madre, el Estado otorgue una compensación económica a la familia para equilibrar el desajuste económico que genere la separación de uno de los pilares económicos del hogar.
Es decir políticas sociales para recomponer el tejido social.